La construcción de la identidad nacional está fuertemente vinculado a las artes y su difusión. Desde tradiciones culturales locales hasta el contraste con países cercanos, la idea de nación se construye y reconstruye constantemente. Y es mediante las políticas públicas culturales que los Estados imponen su visión de nación.
El Reino de Marruecos, a través de su ministerio de la Juventud, la Cultura y la Comunicación, financió el espectáculo “Nostalgia, las emociones de antaño”, el cual presenta la historia del Palacio El Badi, construido tras la batalla de Alcázarquivir, también conocida como la batalla de los tres reyes.
El show te hace recorrer las ruinas del palacio, el cual se encuentra transfigurado por luces que cambiaban de acuerdo al desarrollo de la obra.
A pesar de que todo el diálogo estaba en árabe (y de seguro en darija, el dialecto marroquí), había escenas que se podían entender sin necesidad de la palabra. La obra terminaba con la muerte de Sebastián I de Portugal y, con ende, con la victoria del Abd Al-Malik, el sultán marroquí, en la batalla antes mencionada.
La historia de Marruecos está marcada por su relación con el mundo árabe y su religión, los pueblos nómades como los Berber y las naciones europeas. Es en este cruce que florece la identidad marroquí, llena de contrastes y contradicciones en tanto pueblo independiente y multiétnico, forjada entre invaciones, ocupaciones y guerras.
Si la obra pretende demostrar el orgullo de un pueblo que resiste la invasión europea, las políticas actuales del país se contradicen con esta premisa por el acuerdo que mantiene con Israel y por sus pretensiones territoriales con el Sahara Occidental.