El viaje y el duelo habitan tiempos parecidos. Ambos son espacios que se desmarcan del ritmo severo de la hora oficial. Ambos se vivencian como fuera del tiempo, en una cronología otra, ajena. Es un otro tiempo, interior, que rompe con el régimen temporal habitual.

Lo sentí por primera vez cuando mi abuelo se suicidó el 2011. Es como vivir en un huso horario distinto, donde se genera una distancia temporal respecto a las otras personas. Superar el duelo es, en cierta medida, volver a sincronizar ambos relojes o al menos intentar que marquen la misma hora nuevamente aunque sólo sea por breves momentos.

Cuando ocurrió el accidente de Soler de 2019, y ante la posibilidad de su muerte, me dediqué a buscar fotos y textos para tener parte de él conmigo. Y es que Soler se convirtió en parte importante de mi grupo de amistades, un grupo que se volvió mi vida entera y mi soporte afectivo-emocional. En aquella búsqueda frenética es que descubrí el siguiente texto, prólogo a la Antología de Sudor de Poeta publicada en 2014.

«(…) me fue dado de manera muy clara que había un “algo”, una especie de gran discurso tras el actuar de esta gente, de mí, del Pastor del fuego, del Caballero de la conciencia oxidada y muchos otros que más temprano que tarde desfilaron y se abrieron, rieron y se cerraron como un libro descompaginado frente a mis ojos.»

El “Caballero de la conciencia oxidada” soy yo. Lo sé porque Soler me lo dijo en algún momento, y se condice también con el apodo de “Quijote” que obtuve durante mi paso por Humanidades. Y era un apodo merecido, considerando mi mal actuar y mis pobres decisiones durante el periodo en que habitábamos el mismo tiempo.

Sólo fue en ese momento, cinco años después de la publicación de esa antología, que me enteré que Soler me había “visto”.

Soler murió hace una semana. Y nuevamente quise dar con sus textos. Porque es lo único que me queda de él. Ahora conservaré por siempre la duda si es que alguna vez supo cuán importante fue para mí. Me pregunto también si en algún momento me leyó. Hace unos meses, revisitando las entradas de este blog, me percaté que había citado la misma historia dos veces¹², una breve conversación que tuve con Soler y que ha marcado la percepción que tengo de mí y de las relaciones de amistad que sostengo.

Los gringos dicen to be loved is to be seen. Bueno, pues espero que sepas que también te vi, Soler.